ADVERTENCIAS: *Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de sus respectivos autores, quienes poseen la titularidad de los mismos. **Los contenidos que ofrece esta página, son el resultado de los ejercicios realizados en el taller de narrativa, donde los autores desconocen, previamente, la naturaleza de los mismos. En definitiva, son fruto de la improvisación; narración desnuda. Como tal, son expuestos aquí, sin corrección ortográfica, gramatical o de estilo. ***Para cualquier comentario, sugerencia, duda, denuncia por uso inadecuado u otras incidencias, puede contactarse con el coordinador del taller y moderador de este blog, Juan Sedeño, a través de los medios de contacto que puedan facilitar los responsables de la Biblioteca Pública Municipal "Cristóbal Cuevas", o directamente, a través de este blog.

martes, 15 de marzo de 2011

Intermedio

Resulta, no necesario sino aconsejable, hacer una pausa para tomar un café: nos permitirá ver nuestro propio trabajo con la privilegiada perspectiva que nos proporciona el paso del tiempo y, entre sorbos, buena cosa sería cuestionarnos si nos ha satisfecho escribir y, sobre todo, si es verdaderamente importante continuar haciéndolo. Para quienes decidan no abandonar el viaje literario emprendido, aquí dejo un decálogo con útiles consejos. Sí, otro más. Seguro nos hará más fuertes. Disculpadme si alguna cita no se corresponde con el autor, aunque huelga decir que lo importante es el mensaje; lo demás, simplemente, es una justificación de que no son de cosecha propia. Puede que así se tomen en consideración. Servidor está en ello, qué remedio. Son todas las que están; eso puede darse por cierto. Y con ellas, y nuestros propios demonios, os dejo.
Hasta pronto. Un fuerte abrazo.

“Si no escribe para los lectores ni para la crítica, no publique. Envíele sus escritos por mail a su abuela. ¿Para qué molestar a correctores, diseñadores y editores, si a usted no le interesa salir de su casa? En cualquier caso, no repita más que escribe sólo para usted mismo. Ya lo dijo Borges, y tampoco resultó verosímil”.
Marcelo Birmajer

"Los malos escritores son los que tratan de expresar sus ideas endebles en el lenguaje de los buenos".
Lichtenberg

"La misión del novelista no es relatar grandes acontecimientos, sino hacer interesantes los pequeños".
Schopenhauer

"El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura".
Miguel de Unamuno

“No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción”.
Mario Vargas Llosa

“No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo”.
Juan Carlos Onetti

“La primera de todas las consideraciones que debe tener un escritor antes de escribir, es el efecto que pretende causar”.
Edgar Allan Poe


"Para ser buen escritor se necesita: 99 por ciento talento, 99 por ciento disciplina, 99 por ciento trabajo. Nunca debes estar contento con lo que haces. Nunca es tan bueno como pudiera serlo. Siempre debes soñar y apuntar más alto que lo que sabes que puedes hacer. No te preocupes por ser mejor que tus contemporáneos o que tus antecesores. Trata ser mejor que tu mismo".
William Faulkner

“Siempre que leo, parte de mi mente está alerta para descubrir fragmentos que colaboren con mi propia escritura. Suelo comenzar a leer un capítulo de una novela y me descubro pensando: "Ésta es una buena manera de comenzar"; entonces la archivo para adaptarla más tarde a mi propia producción. Incluso suelo copiar el fragmento en el cuaderno que siempre acompaña a la novela que estoy escribiendo, a fin de no olvidarlo. Muchas veces, cuando me siento atascado y tengo dudas acerca de la manera de desarrollar una escena, recorro los estantes de la biblioteca donde se encuentran mis autores preferidos, los libros que admiro, a la búsqueda de una escena que me dé una pista o me proporcione un marco de referencia, un modelo que me permita avanzar. De ninguna manera 'copio' servilmente. Pero existe una verdad que no suele admitirse públicamente: toda escritura es un robo. Tomas de otros autores aquello que te ayuda y lo reciclas en algo propio”.
Aidan Chambers

“Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.
Jorge Luis Borges

miércoles, 9 de marzo de 2011

La penúltima

Hola a todos/as.
Rompiendo el hilo de los comentarios al buen texto de Amor/Pati, y como hace unos tres meses que no tenemos oportunidad de reunirnos en el Taller, utilizo esta vía para consultar democráticamente cuál consideráis la forma más oportuna de colgar un último texto antes de darle a este blog unas merecidas y necesarias vacaciones, en tanto no hagamos la segunda parte del Taller, para la que como bien sabéis, ni hay fecha aproximada (y ni tan siquiera certeza de la posibilidad de realizarlo). Obviando justificaciones para dichas vacaciones, intermedio o cómo queráis llamarlo, más allá de que este es el blog de un Taller que tiempo ha finalizó, y fuera de dicho contexto carece de sentido el mismo (amén de leernos de vez en cuando... cosa que ya tengo el gusto de hacer con vuestros mails y en vuestros blogs); propongo su final eligiendo en una última entrada (independiente de esta) qué texto de todos los aquí colgados nos ha resultado más gratificante, o bien, con un último ejercicio (individual o colectivo) a vuestra elección. A falta de esta, en su caso, optaría por la primera propuesta, ya sea eligiendo entre la totalidad, ya tirando de estadística de entradas más visitadas o lo que surja. Huelga decir que si hay segunda parte, tendríamos trabajo y material para reabrir las puertas y continuar con nuestras cosillas.
Si os parece, proponed lo que tengáis a bien.
Un abrazo.

viernes, 4 de marzo de 2011

Máscaras

Por Amor de Pablo.
Estoy frente al espejo, armándome de valor, para colocarme la máscara. Una de las muchas que uso dependiendo del ambiente y la situación. Hoy toca la de la fuerza. Que todo el mundo vea que me crezco ante las dificultades. Llevo años aparentando fortaleza de carácter, tantos que ya no recuerdo cuando empecé a usar esta máscara. Desde niña, cuando no era más que una mocosa acomplejada por la estatura y las malditas botas ortopédicas, me obligaba a participar en los juegos en que sabía que acabaría por el suelo, con las rodillas ensangrentadas y el espíritu hecho pedazos por la frustración de no correr tan rápido como los demás. Pero no importaba. Sólo contaba que jamás me rendía. Si había que subir a un árbol elegía el más alto. Si tenía que bajar una cuesta buscaba la más empinada. Si nos metíamos en un jardín siempre cogía el camino donde había rosales que me arañaban los brazos. Todas las magulladuras eran triunfos. Premios por ser tan fuerte. Por no arredrarme. Para mí valían más que cualquier medalla.
Ahora es igual. No importan las heridas. Ni las físicas ni las psíquicas. Hay que tirar “palante”. Demostrar ante los demás, y sobretodo a mí misma, que puedo seguir, que no me rindo, que pase lo que pase saldré a flote.
A veces me pregunto hasta cuándo seré capaz de continuar con esta farsa. Si realmente vale la pena continuar fingiendo. Ya no me caben más trofeos en la penosa estantería del simulacro de vida que llevo.

jueves, 24 de febrero de 2011

La urna

Por Amelia de los Ríos.

Me llaman por teléfono desde la Residencia.
-¿Familiar de Rocio?
–Si, soy yo.
-No se preocupe -me dice-, no le pasa nada, pero haciendo limpieza en su dormitorio hemos encontrado una urna con cenizas dentro. ¿Sabe algo?
-Pues como no sea su hijo Antonio –comento-, de quien tenía los restos en su casa, donde se quedaron cuando ella se fue, pendiente de un destino definitivo. Los nuevos dueños, en vez de llamarme para consultar, los han llevado junto a su madre.
-Debe retirarlos, aquí no pueden estar -concluye.
¡Qué triste es morir y que no sepan qué hacer contigo! Después de dos matrimonios, cinco hijos, tíos, primos, una madre y supongo que algún amigo; que nadie te recuerde siquiera, es duro. ¡Qué desperdicio de vida! No has sabido dejar la herencia más importante: permanecer en la memoria de tus allegados y que te echen de menos, y una de las formas de conseguirlo es cultivando vivencias y querer a los demás y a ti mismo.
Dicen que se muere dos veces, una cuando se acaba la vida y otra cuando se olvidan de ti. Y hoy, Antonio, no quiero que te vuelvas a morir. ¡Va por ti!

jueves, 17 de febrero de 2011

Mis manos

Por Amor de Pablo.

Mis manos son mi herramienta preferida. Todas las cosas importantes que he hecho en mi vida tuvieron forma gracias a ellas. Cuando era pequeña jugaba con el barro a construir diques o hacía castillos de arena en la playa. Yo imaginaba entonces ser una gran ingeniera que edificaba pequeñas ciudades para las hormigas o las almejas, dependiendo del entorno en que realizaba mis proyectos. Como niña atípica que fui, antesala de la adulta atípica que soy, pedía para los Reyes mecanos y juegos de construcción. Me fascinaba que de aquellas pequeñas piezas salieran esos ingenios. Y no me dolían los pellizcos o arañazos que pudieran provocarme el manejo de esos juguetes, más bien al contrario, cada herida era un pequeño sacrificio para obtener un ansiado logro. Desde siempre me atrajeron los trabajos manuales; todas las actividades que podían realizarse con las manos; así fui aprendiendo a modelar, a fabricar marcos, a pintar cajas de madera, a tejer. Desde siempre me ha gustado pasar las manos por las distintas superficies que encontraba. Notar la aspereza de la madera sin lijar y la suavidad de ésta una vez pulida. Comprobar como la arcilla pasaba de ser resbaladiza cuando estaba húmeda a rugosa una vez seca. Frotar los dedos por encima de las superficies barnizadas hasta hacer que emitieran un pequeño quejido. Todas estas sensaciones eran una fiesta para mi sentido del tacto.
Empecé a escribir y me ocurría lo mismo. Independientemente de que el resultado del texto estuviera más o menos inspirado, no podía dejar de sorprenderme que las palabras se plasmaran en el papel, a fin de cuentas, porque el bolígrafo obedecía las órdenes que mis manos le daban.
Cómo no hablar de las caricias. No existe satisfacción mayor que percibir en la yema de los dedos el tacto suave de una piel amada. Y cuando lentamente acaricio el lomo sedoso de mis gatos o el áspero pelo de los perros conocidos y desconocidos siento una emoción imposible de describir.
¿Y todo esto a qué viene? Podría preguntarse cualquiera. Hoy me han diagnosticado que tengo artritis reumatoide e insuficiencia venosa en las manos. Al mínimo cambio de temperatura los dedos se me quedan helados e insensibles gracias a mi deficiente riego sanguíneo. Y por si fuera poco las articulaciones se agarrotan y duelen por culpa de la artritis. Pero yo no puedo dejar de pensar que aún me quedan muchas cosas importantes que hacer en mi vida y en las que mis manos tienen imperiosamente que jugar un papel fundamental.

jueves, 10 de febrero de 2011

El pacto

Por Amelia de los Ríos.

Sentado en el banquillo del Juzgado firmó el recibo, liquidando por fin el pacto que le había llevado hasta allí; después de años luchando por romper el lazo que lo tuvo atado a aquel despacho, quedando su juventud e ilusiones por el camino.
En el primer encuentro se quedó tan sorprendido cuando llegó al hotel y lo recibió toda la plana mayor del bufete, incluidos los directivos del grupo, agasajado con una estudiada y deslumbrante puesta en escena, a él, recién salido de la facultad, aún becario, ofreciéndole directamente asociarse como uno más, que no fue capaz siquiera de decir que se lo pensaría.
Hoy brindaría con gaseosa, pues ya siempre sería alcohólico, no tenía trabajo, casa, ni familia pero era la primera vez que se sentía feliz y libre. Sonó la alarma del móvil, la próxima cita: le esperaban en el albergue, defendería a los sin techo.

jueves, 3 de febrero de 2011

AUTOLESIÓN

Por Amor de Pablo.
Hoy he vuelto a soñar contigo. Me desperté con tu sabor en mis labios. A los cinco minutos de levantarme comprendí que mi boca no paladeaba nada, tan sólo mantenía la memoria de muchos meses atrás. Otro espejismo más, pero cuando el sueño me invade todo parece tan real. Yo quiero que sea real. Conservo en mi subsconciente imágenes, palabras y olores; antes de que el cansancio me obligue a dormir invoco estos recuerdos, acuden rápidos y me llevan de la mano una vez más hacia ti. Entonces me dejo llevar. Vuelvo a recorrer el mismo camino hacia tu casa, la llave debajo del felpudo, veo las pistas por el suelo, la dichosa puerta del dormitorio atrancada y tú, desnudo, saliendo de la cama para abrírmela. Y luego ya no veo nada, solo siento. Calor, besos, abrazos, piel. Y el sueño se convierte en desilusión cuando leo tu mensaje de nuevo: “déjame en paz, sólo ha sido una aventura”. Y ahora estoy sentada en el borde mi cama, paladeando el sabor amargo de mi lengua, prometiéndome a mi misma que no volveré a caer en esta trampa que me tiendo cada noche.

sábado, 29 de enero de 2011

Un taxista en apuros

Por Rosa Gatón.
El día prometía alegre, Elisa llamó a su amiga para ir a la feria de Torremolinos.
Recibía un regalo de empresa en una caseta y como sola no le apetecía ir llamó a su amiga y dijo:¿Me acompañas? Ni corta ni perezosa contestó Inés: ¡claro! Una excusa perfecta para ir de feria.
Cogieron un taxi. Todo normal hasta que una vez iniciada la carrera y en medio del tráfico Eugenio el taxista la miró por el espejo retrovisor y dijo: no sé ir a Torremolinos, las voy a bajar aquí mismo.
Atónita Inés lo miró y dijo:¡Pero hombre! ¿Cómo quiere usted bajarnos en medio del tráfico?
Miró a Elisa mostrando incredulidad, pero esta sin pestañear miraba por la ventanilla controlando la risa que estaba a punto de soltar.
Continuó Eugenio la ruta esperando que en algún momento dijeran: Aquí mismo nos bajamos, pero eso no ocurrió.
Fue contando que era la primera vez que cogía el taxi, que ni siquiera era suyo...Acordándose Inés de la ruta que hacía el autobús dijo: a la entrada de Torremolinos está la estación de autobuses y sé llegar hasta ahí; le preguntaremos a alguien que nos indique. Así fue, llegaron a la parada de taxi y preguntó a un compañero desde la ventanilla del coche: ¿Cómo llegamos al recinto ferial? Después de oír todas las explicaciones le dijo a Inés:¿Se ha enterado usted ya? A lo que respondió: el que se tiene que enterar es usted que es el que nos tiene que llevar.
Eugenio le dijo al compañero “tira palante” que yo te sigo.
No podía creer lo que le estaba pasando: ella dirigiendo al taxista, Elisa pegada a la ventanilla sin rechistar, y el buen hombre que una vez, llegó al destino, preguntó: ¿y ahora cómo regreso?Ya con la paciencia agotada le dijo: busque a otro compañero que lo saque de aquí.
Así fue como se marchó Eugenio, y dio comienzo la feria.

domingo, 23 de enero de 2011

Se me olvidó otra vez

Por Amelia de los Ríos.

Se me olvidó otra vez apagar el despertador. Abro los ojos, ¡qué lejos está! – pienso, y me doy la vuelta en la cama-. No deja de sonar cada vez más fuerte: va a levantar a toda la casa y me quitarán mi espacio de tranquilidad, así que salgo de la cama y callo el maldito reloj.
Se me olvidó otra vez desde cuándo no me observo con detenimiento. Después de lavarme la cara me miro en el espejo y, ¡doloroso horror! No me reconozco; siempre con tanta prisa, y para cuando un día paras y caes en la cuenta, te preguntas: ¿pero quién es esa que está en mi cuerpo? ¡Si parece mi madre! ¡Con lo que la critiqué por llevar esos pelos!
Se me ha olvidado hablarle a mi niña interior, ¿desde cuándo estás ahí callada, sin tiempo para hablar ni nadie que te escuche? Continúa sintiéndose sola, abandonada, e incomprendida, como simple moneda de cambio entre bandos, aunque ahí sigue, sin perder la esperanza de recibir un poquito de atención.
Se me ha olvidado otra vez lo que era sentir la ilusión por descubrir el mundo y la libertad de sentirme creativa; firmé un contrato, cambiándolas por una estable seguridad, ahora patrona de mi rutina... y de toda mi vida.
Se me ha olvidado otra vez sopesar los pro y contras, sentir lo que es real y lo que no. Cuando llevas mucho tiempo casada te llegas a acostumbrar tanto a la otra persona, que realmente no la ves: das por sentado que está ahí.
Y se me ha olvidado otra vez quererme y sentirme querida.

jueves, 20 de enero de 2011

Lolilla

Por Amor de Pablo.

En Tapia nació una niña la más chica de cuatro hermanos
Por nombre le pusieron Dolores, Lola o Lolilla
Dependiendo del ambiente por todos ellos atiende

Resultó la niña ser empollona y muy listilla
Rumió su padre: Ésta no trabajará con sus manos
La envío pues a Archidona que seguro que algo aprende

Después se vino a Málaga para estudiar Magisterio
Más no acabó la carrera
Ya que Lolilla intuyó que enseñar era un misterio

Cómo le gusta la literatura empezó con Cervantes
Pero no de teatrera sino a trabajar de camarera
Allí gruñía detrás de la barra cuando había mucha gente
Pero de vez en cuando le echaba piropos a los clientes

Cuando se acabó La Ópera resolvió poner un bar
Muy cerquita del teatro para no tener que andar
Pensó: ¿cómo le pongo?
Si trabajé con Cervantes no le puedo traicionar
Iba dándole patadas a una piedra y exclamó:
¡Ya lo tengo! Se llamará Saavedra

En el bar de sus dominios trató a muchos personajes
Con muy distintos oficios y de diverso pelaje
Dicen las malas lenguas que éramos gente de mal vivir
Y que por las noches no les dejábamos dormir

Así pasaron los días y los meses y los años
Y de repente a la Lola le sonó el reloj biológico
¡Madre mía! Se dijo, que tengo 37 años
Si no tengo pronto un hijo, tendré que montar un zoológico
Puso manos a la obra y parió un niño moreno
Según ella misma dice, le salió bastante bueno

Y llegados a este punto aquí estamos reunidos
Su hermana Julia, que desde Tapia ha venido
También está Margarita, chiquitilla de tamaño
Pero “mu” grande por dentro, no nos llevemos a engaño

Ana y Paqui, dos amigas que gracias a sus niños
Te tienen mucho cariño
Y aquí está la tata Antonia, una mujer de bandera
Lo mismo te da un consejo que te limpia la nevera

Convocados, así mismo, fueron Belinda y Manolo
Entre todas las mujeres tenemos un hombre solo
Y por último, aunque no menos importantes
Pepa y Amor, recitadoras y autoras de estos ripios
¡Aquí nos tienes, expectantes!
Por recibir tu indulgencia aunque sólo sea por principios

jueves, 13 de enero de 2011

SOLDADO

Por Paco Torres.

Aquí estoy, otra vez, en el suelo de un país que no sabría señalar en un mapa, en un lugar que no me importa y defendiendo una causa que pasa por humanitaria. Aunque vaya usted a saber qué habrá detrás (como siempre).
Mis orígenes, aunque sea ponerse un poco pedante, se remontan casi hasta los inicios del hombre.
Desde el momento en que alguien fue capaz de engatusar a un grupo y organizarlo para que, armas en mano, defendiera alguna empresa, ahí estuve yo.
Con Alejandro, Aníbal, César o Napoleón, estuve con ellos que pasan por ser los más grandes y también, con todos los demás. Pero no corran a los libros de historia o a la “red”.No aparezco en sitio alguno(a no ser que lo haga como número y estadística).
Hablando de aparecer, les ruego me disculpen, he emborronado casi todo el folio que tenía para hablar de mí (tampoco esperaba que me concedieran mucho más) y no me he presentado: Soldado. Soy, y he sido siempre, Soldado. Pueden ponerme el nombre, la cara, el aspecto; e incluso el atuendo o uniforme que ustedes quieran. Da igual, soldado. Dicen algunos, de los llamados intelectuales, que soy una consecuencia de mi ignorancia y mi necesidad (Dale formación a un soldado y desertará, escribió otro).
En algunas épocas de la historia, como la actual, he pasado por profesional (entre paro y ejército, ejército).Pero no me engaño, siempre he sido el mismo: alguien que ha matado y se ha dejado matar; sin saber por qué y, lo que es peor, sin ser capaz de impedirlo.
A mi favor solo puedo decir que: en una u otra época, en uno u otro bando; siempre lo he pagado con mi sangre. De la cual, por cierto, nunca se ha escrito nada.

miércoles, 12 de enero de 2011

Curiosidad

Confieso que mi ignorancia en el mundo de los blogs en infinita. Hace poco, y accidentalmente, me enteré de la posibilidad de consultar de dónde provienen los visitantes de un blog. Tras más explicaciones de las necesarias para un hombre adulto, consigo averiguar por fin, desde dónde nos honra la gente con sus visitas, aunque son muy pocos los que comentan (cada uno/a tendrá sus razones). A resultas. Lo que sin duda parecerá baladí para cualquier bloguero experto, para servidor, cuanto menos, la anécdota le resulta llamativa. Y es que la curiosidad no es un asunto menor. Veamos: miles de visitantes españoles. Normal en procedencia, aunque no en número. Nos sigue en el escalafón, México. Vaya. Y continúo, por orden: Estados Unidos. Vaya, vaya. Y sigue... ¡Letonia! Ahí es cuando me veo obligado a preguntar si estas estadísticas son fiables. Quien entienda de esto, me sabrá decir... Continúa Países Bajos. Ya cualquiera es el guapo que dice algo. Luego viene Perú. Detrás, Colombia, Argentina, Ecuador y Chile. Y, de nuevo, la hecatombe: ¡Eslovenia! Cierran la lista: Alemania, Costa Rica, Francia y República Dominicana.
Mientras alguien me explique que esto es lo más normal, y que sus visitantes son más y de procedencia muy heterogénea, yo, que no escribí ni un simple relato en este blog, solo puede dar las gracias en nombre de todos los integrantes del Taller (que sí lo hicieron mucho y bien), a quienes desde lugares tan remotos (y no tanto) dignificaron nuestra humilde labor, por lo general, con su silente visita.
Un fuerte abrazo para todos/as.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Por 50 ctm.

Por Paco Torres.
A pesar de la barba blanca y larga, el sombrero de paja color crema y los años que hacía que no nos veíamos, lo reconocí de inmediato: Andrés.
Ambos trabajábamos en la misma empresa, y pertenecíamos a su comité, cuando lo del reajuste. Firmamos la lista que presentó “El inglés”, así llamábamos al gerente. Todos menos Andrés, el dijo que aquello no era una lista sino una venganza. No importó, aquellos operarios, señalados por “El inglés” y corroborados por nosotros, fueron despedidos. Después le tocó al personal de oficina. De inmediato pensamos en Carmen. Ella era la mujer de Andrés (la segunda mujer, se habían conocido en la empresa).
El inglés mando llamar a Andrés, estuvieron más de una hora a solas. Después de aquella reunión nuestro compañero salió de la empresa. Ni él, ni su compañera, que también abandonó la empresa-por otro trabajo-a los pocos meses consintieron en dar explicación alguna.
Ahora volvía a tenerlo allí, frente a mí, con su tenderete. Una mesa y una silla de playa. Él acomodado en la silla y detrás un cartelón que decía:
“SE RECITAN POEMAS- 50 céntimos.
Más de 100 títulos, ELIJA EL SUYO”.
Yo iba paseando con unos amigos, me hice el rezagado.
-¡Hola Andrés! ¿Cómo estas? Le pregunté. Y Carmen.
-Carmen me dejó hace tiempo. En cuanto a mí… ya ves.
-¿Qué paso, Andrés?
-¡Joder macho! Eres duro.
-Por favor.
-¡Qué iba a pasar, hombre! El inglés me lo puso claro, el hijoputa, o Carmen o yo. Ambos sabíamos que con vosotros no podía contar así que…
EL inglés, cabrón pero listo, me ofreció” el improcedente” y respetar el puesto de Carmen, a cambio de largarme rápido y en silencio. Acepté.
Ella no pudo soportar continuar en la empresa sabiendo porque seguía. Después me toco a mí…, adiós al capullo idealista…Y aquí me tienes.
-Ya te veo. Todo para vender recitativos a 50 céntimos.
Bueno…por lo menos sigo teniendo algo que ofrecer; y tú, que me cuentas.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Noviembre

Por Pepe de la Torre.

El miércoles comienza a escribir su diario y me dispongo para mi ruta. Al abrir la puerta para salir, dejo pasar amablemente a los que entran.
-Buenos días.
-Buenos días, gracias.
La calle me arroja al rostro su densidad otoñal amenazante, un ambiente hecho masa viscosa, casi sólida, donde se pueden colgar recordatorios con chinchetas. El paisaje de color ocre pastel presenta ángulos ajados y relieves difuminados, objetos sin sombra y tejados lacrimógenos. Da la impresión de que el mundo se recoge sobre sí mismo.
Los árboles hierven en sinfonía y vomitan sin orden sus hojas en caída helicoidal. El suelo es una masa de podredumbre. También el sonido del alquitrán es más grave que otros días. Los distintos coches dan la misma nota.
Serpenteo inseguros pasos peatonales de las obras del metro y carriles-bici inacabados
-Por favor...
Una ciclista sin timbre me sorprende. El sobresalto me hace retroceder y caigo sobre otra bici compañera. Andar por las aceras es un riesgo cotidiano, además de tener que esquivar milagrosamente los restos escatológicos.
Paso por un barrio, cuyas casas son tinglados de retazos de hojalata.
-¡Tanta ruína!
Me sorprendo hablando solo por la calle, igual que tantos con los que me cruzo. Que no se me olvide reclamar el arreglo de la instalación del gas, todavía en garantía.
Llego a las escalinatas sin rampa junto al colegio. Madres con carritos:
-¿Le ayudo a bajarlo?
-Gracias, muy amable
De pronto, mirando mis propias pisadas, caigo en la cuenta de que no me he limpiado esta mañana los zapatos.
Voy buscando un buzón de correos, pero todo aquel al que quiero preguntar está hablando por el móvil. Solo me cruzo con caras grises, inexpresivas.
Tiempo en crisis e incómodo, como todo lo cambiante.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Vergüenza

Por Miguel Ángel Jiménez.
Escucho de nuevo sus gritos. Esta vez a la humillación se une la vergüenza de que me dirija sus improperios en la calle, bajo la mirada, que oscila entre la curiosidad y la diversión, del resto de la gente. De nuevo la tentación de salir corriendo, de abandonar el infierno en que se ha convertido mi vida desde un tiempo tan remoto que ya que no recuerdo cuando fue el instante del primer improperio, de la primera salida de tono. Me reprocho mi debilidad, el no haberle sabido parar los pies en aquel momento. Aguanté los chillidos, pero ¿por qué soporté aquel golpe? Es como si me faltara sangre en las venas, como si la vida no me diera más opción que agachar la cabeza y desear secretamente que esta vez sea la última, tratar de comprender su punto de vista y las faltas propias que motivan una respuesta tan radical por su parte.

Como de costumbre, al pensar en huir, en salir corriendo hacia una vida nueva, me detiene la mirada de mi hija, que me observa con unos ojos entre asustados y afligidos. ¿Me odia por mostrarme tan débil? No puedo evitar evadirme de la realidad, mirar hacia los árboles, hacia los tejados de esta plaza tan hermosa donde todavía llovizna, pero a la que el Sol que se asoma entre las nubes dota de una luz extraordinariamente brillante que contrasta con la negrura que anida en mi corazón. Envidio a aquellos que se han parado sin demasiado disimulo para observar a distancia mi drama. Mi mujer sigue gritándome, no sé exactamente de qué me habla. La miro desafiante, pero ella levanta la mano y me pega una sonora bofetada. Escucho las carcajadas de la gente alrededor.

martes, 14 de diciembre de 2010

9 de diciembre

Por Yolanda Bautista.
Juan salió a la calle. No reconoció a la persona que entraba en ese momento en el portal y que le saludó.
-¡Hola!
-¡Ah!, hola Ana. Perdona, es viernes y...
-Ya, ya. Pensando en llegar a casa, ¿eh?
Después de unos minutos de conversación se despidieron quedando para una futura llamada y un posible café, que ambos sabían que olvidarían de plantear. Se subió a su coche y marcó el número de su madre. Después inició la marcha.
Maribel se afanaba en la cocina. Estaba a cargo de cuatro fogones pero también tenía tiempo de conversar con María.
-Hay que ver lo bonita que está la nena y lo lista que es. Me acaba de cantar el abecedario.
-Está muy contenta en el cole pero no se cansa de jugar. Allí la he dejado con los demás niños. Menos mal que no es muy traviesa.
En el comedor, Fernando estaba colocando servicios. Se dio cuenta que ya no le temblaban las manos y cuando comprobó que todo estaba a punto, entró en la cocina.
-¿Cómo va eso? Esta noche vamos a ser doscientos, y con nosotros cinco.
-Hay para todos. Caldo de gallina, pollo y redondo relleno con guarnición y natillas de postre. Voy a ver a Laura al cuarto de juegos, quédate con María- Maribel salió.
-¿Has hablado ya con ella?- dijo María sonriéndole-. Es que no sé, te veo contento.
-No, todavía no- se ruborizó-. Hoy solo he ido una vez al dispensario.
María le abrazó y Juan, que entraba en ese momento con el gorro de cocinero puesto, dijo: -¡Hacedme sitio que me uno! Fue un momento especial.
Permanecieron en la cocina una hora más y ya al borde de las nueve empezó a llenarse el comedor.
Juan es arquitecto, Maribel recibió ayuda cuando lo necesitaba, María está jubilada y Fernando es un enfermo en rehabilitación. Son voluntarios en un comedor gratuito y cada Navidad, desde hace cuatro, sirven la cena de Nochebuena.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Miedo a lo desconocido

Por Rosa Gatón.
Hace tiempo que tengo pesadillas, no puedo conciliar el sueño y me han dicho que tenga cuidado: hay un hombre malo que coge a las niñas.
Todos lo describen como un hombre alto, desgarbado, de cabello largo muy enredado, manos grandes agrietadas y las uñas negras, ojos hundidos y la mirada perdida.
Tenía miedo de encontrarlo en cualquier esquina: oía sus pasos cerca de mí y procuraba caminar a paso ligero para que no me diera alcance. Todas las niñas del colegio también estaban asustadas. Es difícil explicar cómo se puede sentir miedo de alguien que no había visto nunca, pero lo sentía.
Siempre iba acompañada, pero si alguna vez bajaba sola a comprar golosinas al quiosco, miraba bien a cada lado de la calle para asegurarme que no estaba ese hombre. Pasó el tiempo y supe sin tener que preguntar a nadie, que nos habían engañado; este hombre no hizo daño a nadie.
Nunca entendí por qué desde pequeños nos inculcan miedo hacia unas personas dándonos su descripción, estado mental, incluso el nombre sin haberle preguntado nunca cómo se llama, pero eso da igual, siempre será “el hombre del saco”.
Generalmente son mendigos, marginados de la sociedad y con las facultades mentales perdidas, cuyo único pensamiento es conseguir algún mendrugo de pan que llevarse a la boca; están demasiado ocupados en sobrevivir como para hacer daño a nadie.
Sin embargo hay otros “hombres de saco” y “brujas” con los que convivimos y nadie nos enseña a conectar la alarma; maltratadores, manipuladores, estafadores… que cuando tenemos noticias de ellos es porque nos han causado un dolor profundo y un daño irreparable.
Ahora que he conocido la maldad, quiero rendir homenaje a los inocentes “hombres del saco”.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Pasión

Por Amor de Pablo.
Es Jueves Santo. Las campanas no dejan de tañer. A pesar de tener las ventanas cerradas a cal y canto se oye su repique. Está chispeando, como se dice en Andalucía cuando comienza a llover. Las gotas golpean los cristales acompasando su ritmo a las campanas y a los tambores que acompañan los tronos.
Atado a la columna aparece la figura del Nazareno; el imaginero consiguió una perfección en la desnudez del torso y el verismo de las heridas que casi resulta obscena. Detrás viene la imagen de la Virgen. En su cara la mueca de dolor es tan dramática, que la impresión es que va a desfallecer de pena.
El olor a mandarina mezclado con el humo de las velas y el incienso invade la calle entera. Los hermanos mayores alzan sus ojos al cielo con preocupación: si continúa lloviendo no les quedará más remedio que encerrarse. Los fieles rezan ahora para que las nubes se vayan; han dejado las plegarias personales para volcarse en una petición comunitaria: que la procesión no se estropee. Llevan todo un año esperando para lucir sus mejores galas, para que todos puedan comprobar cuán fervorosa es su pasión y sería una lástima que todo se perdiera por un triste aguacero.
Ahora parece que el cielo se despeja, sube el rumor de la gente dando gracias por poder continuar esta fiesta de sangre y sufrimiento. En un balcón una mujer enlutada trata de emular la cara de la Virgen en un gesto horrible, mientras de su garganta sale el quejío de una saeta.
Pero todo esto yo sólo me lo imagino, porque no formo parte de ese público entregado al Jesús del madero, como cantaba Serrat. Yo estoy a tu lado compartiendo la rendición de nuestros cuerpos después del éxtasis. Viviendo una tarde de pasión.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El simulacro

Por Amelia de los Ríos.

Suena en la megafonía: ¡Orden de desalojo, por favor, todos por la escalera de emergencias! Se coloca el chaleco amarillo fluorescente y ya está preparada. Esta vez le toca revisar la última planta. Las instrucciones son claras, hay que hablar con voz fuerte y firme; el que recibe la orden no debe dudar en cumplirla. Tiene claro todos los pasos: ir despacho por despacho, baños incluidos y comprobar que no queda nadie. ¡Objetivo cumplido, la planta está vacia! Pone el extintor como señal de la conclusión, cierra la puerta ignífuga y se dirige a la escalera, donde encuentra a una chica parada, que le está esperando y con resignación le dice:
-Tuve un accidente y no puedo mover la pierna, así que ¿cómo bajo?
-El ascensor no funciona, es lo primero que bloquean. Aviso a seguridad para que lo sepan y me quedo contigo hasta que lleguen -contesta.
No puede contactar con el control, nadie responde al teléfono, parece que la centralita está desierta pero sigue intentándolo. Solo quedan las dos, el resto del personal ya ha bajado.
Duda qué hacer, se para a pensar. Así no es como la situación estaba prevista. Un ruido llama su atención, va creciendo el volumen hasta que se distingue la sirena de los bomberos. ¿Qué hacen aquí si solo es un simulacro? Sigue sin contestar nadie.
Se miran y callan al darse cuenta que se ha hecho el silencio, el silencio más absoluto, solo se oye la respiración entrecortada de las dos y sus pulsaciones aceleradas; entonces comprenden: ya es demasiado tarde, están solas y nadie las va rescatar; se cogen de las manos y se abrazan, sintiendo cada una el cuerpo de la otra para compartir ese momento, hasta que la oscuridad las envuelve.

jueves, 2 de diciembre de 2010

300

Por Isabel Garrido.

Miles de seres se agolpaban en la oscuridad del edificio. El leve temblor de sus colores hacía sospechar su nerviosismo. La penumbra, iluminada en zonas por la Luna, revelaba que las ruinas que cobijaban a estas criaturas eran tétricas, extrañas y magníficas. No se oía ni un sonido, todos estaban expectantes y nerviosos.
Uno de ellos, alas blancas y azabache, atravesó penumbras y sombras, revoloteando en lo que podría definirse como una danza cuyo significado era mejor no conocer. Se posó en los labios de la muchacha que observaba aquello con aire ausente, fijas sus pupilas blanca y negra.
—Más gente conoce nuestro secreto. —Un parpadeo de colores en forma de aleteo fue la respuesta—. Möderic está en peligro.
Se acercó a la gran ventana a sus espaldas, cegada con maderas, y observó a través de un hueco el bosque exterior y el cielo despejado. Se volvió a ellos.
—Möderic está en peligro -Repitió en un susurro apenas audible. Su piel blanca y su vestido de todos los colores imaginables destacaban bajo la luz nocturna. Le daban un aspecto etéreo y perturbador.
—Volad, pequeñas. —Al decir esto, remontó de sus labios el vuelo el ser blanco y negro, y ejecutó su extraña danza una vez más—. Volad y recorred el mundo. Posaos con inocencia en las flores. Que nadie sospeche de vosotras.
Una nube de colores invadió el Santuario. Se mezclaron unas con otras, chocaron a veces, y bailaron. Un sonido extraño e inexplicable las acompañaba. Luego, salieron a la oscuridad de la noche y se perdieron por el horizonte.
—Mientras sigan pareciendo inocentes mariposas, nadie podrá entrar en Möderic, en su tumba. —La criatura blanca y negra bailó ante sus ojos y volvió a sus labios. Ella cerró los ojos.
La noche fue más oscura a partir de entonces.