Por Yolanda Bautista.
(...)El taxista le observaba y Roger se sentía cada vez peor. Le había dicho que le llevase al Royal, era discreto y razonablemente económico; continuaba teniendo miedo. Siempre que seguía sus intuiciones, estas le conducían a un callejón sin salida. No sabía qué le podría ocurrir a partir de ahora. Había traspasado la línea apoderándose de las fotos y tenía que cambiar todo su plan. Tuvo la sensación que alguien le seguía y la mirada del conductor se volvió inquietante.