Por Yolanda Bautista.
Roger tuvo que salir precipitadamente a la calle. A pesar de su miedo, se obligó a simular que paseaba. Su largo abrigo le pesaba y estaba empapándose por la tremenda tormenta. Empezó a entrarle pánico; no era normal que llevase el paraguas cerrado, pero fue lo primero que se le ocurrió: esconder las fotos dentro del paraguas. Como llevaba el maletín en la otra mano, ya se desharía de él después. Se calmó al llegar a la esquina y ver a un taxi. Subió a él mientras alguien semioculto le observaba.