Por Pepe de la Torre.
"Estatua viviente".
Ya faltan solo diez minutos para el fin de mi jornada laboral. Sin mirar el reloj adivino la hora con escaso margen de error, según las sensaciones que mi cuerpo experimenta.
Soy una estatua viviente, una obra de arte hiperrealista. El escultor Armando Segura me ha imaginado y me ha engendrado durante un proceso que ha durado varios meses, derramando su poesía sobre mi cuerpo. Ambos aportamos tanto nuestra técnica como nuestra creatividad. Aparte del entrenamiento físico y expresivo, sin mi reinterpretación constante de la obra de mi autor, no conseguiría transmitir ninguna emoción.
Hoy es la inauguración de la feria del libro. Me esperan diez días en el pedestal de la entrada. Como discípula de Heráclito, durante este tiempo todo tiene que fluir en mi interior, en contraste con mi quietud aparente.
El arte soy yo, arte y vida en una unión tan singular como efímera.
Por Amor de Pablo.
Ya son las diez. Bajo a comprar el periódico al quiosco de la esquina. Aún está cerrado. Me doy una vuelta por el parque mientras espero que abran. Hace mucho calor y me siento en un banco a la sombra. Enfrente de mí, en otro banco, hay una chica con aspecto ausente. Su físico me resulta familiar. Será porque es morena como yo y lleva el pelo largo. También sus piernas son largas, como las mías. Tiene un libro abierto sobre su regazo.
No quiero mirarla fijamente, me daría vergüenza si me pillara observándola de forma tan descarada. Pero no puedo evitar fijarme en ella. Sobre todo porque lleva un buen rato sin pasar las páginas aunque tenga la vista puesta en el libro. Quisiera preguntarle por qué mantiene el libro abierto si en realidad no lo está leyendo. ¿En qué estará pensando que incluso se olvidó de leer? Bruscamente cierra el libro. Me mira y se acerca. Se ha sentado a mi lado. Me observa un momento y dice: ¿Por qué tienes abierto ese libro si no lo estás leyendo?