ADVERTENCIAS: *Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de sus respectivos autores, quienes poseen la titularidad de los mismos. **Los contenidos que ofrece esta página, son el resultado de los ejercicios realizados en el taller de narrativa, donde los autores desconocen, previamente, la naturaleza de los mismos. En definitiva, son fruto de la improvisación; narración desnuda. Como tal, son expuestos aquí, sin corrección ortográfica, gramatical o de estilo. ***Para cualquier comentario, sugerencia, duda, denuncia por uso inadecuado u otras incidencias, puede contactarse con el coordinador del taller y moderador de este blog, Juan Sedeño, a través de los medios de contacto que puedan facilitar los responsables de la Biblioteca Pública Municipal "Cristóbal Cuevas", o directamente, a través de este blog.
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viernes, 22 de octubre de 2010

CARICATURA

Cuentas pendientes. Por fortuna, no se trata de asuntos propios del peculio, sino de palabra dada que obliga, y por méritos personales, de quien lo siguiente escribió, con amabilidad tal, que más se asemeja a un retrato ácido-como así corrobora otro notable hombre bueno del tribunal colegiado-que a una caricatura en si.
En lo demás, trabajado está el otro ejercicio, que entra, sin ayuda divina, con la cabeza alta y el cuello maltrecho.
Por Pepe de la Torre.
Su locuacidad es precisa y contundente, sus decires llenos de argumentos y abogaderas, de lo que bien conoce y de lo que se inventa.
Ejecuta una digna interpretación teatral mientras imparte su magisterio. Tiene una exposición diáfana y sobrada, como pedagogo determinado por su composición genética. Se empeña en extraer las palabras adecuadas del laberinto de nuestros torpes pensamientos.
Ante nuestros desaciertos alterna una exposición contrariada y gesto agrio, a la vez que sarcástico. Pero siempre mantiene un empaque sereno, de ceño alzado, tan irónico como simpático.
Habla como si sentencie. Tiene aspecto sonrosado de leñador alpujarreño. Con cuellos escarolados sería un auténtico Enrique VIII.
Más que picapleitos aspira a ser Juez Supremo.
Por Esther Ortega.
Dimas el ladrón, era astuto como un zorro. Sus ojos de hiena, hacían contrapeso con su quijada de cabra montesa. Rumiante en su hacer y ave de rapiña en la sisa, avaro como pocos: era capaz de no beber ni agua, con tal de ahorrarse el tener que ir al baño.