Pongo el siguiente ejercicio como ejemplo. Permitiéndome la pequeña maldad (que no crítica) de comentar que su autor acude a un recurso muy socorrido (se las sabe todas...Y seguro que él comentaría lo mismo, a la inversa, si el ejercicio fuera ajeno), es obligado destacar que su especial significado radica (dejando aparte el detalle del color del cabello y su referencia a que es más bien largo) en que DESCRIBE LO ESPECÍFICO, LO QUE HACE DISTINTO A SU PERSONAJE, RESPECTO A LO COMÚN. No habla de un hombre con cabeza, dos brazos, dos piernas...nos cuenta lo que Don Antonio tenía de particular. Ahí va.
Por Paco Torres.
Don Antonio, el cura. Lo que más me llamaba la atención en él era el pelo. Tenía el cabello de color castaño, lacio; más bien largo, entreverado de canas. Las cejas muy pobladas de pelos largos, dóciles, y en perfecto orden descendente desde el entrecejo hacia la sien. Cuando leía, ayudado por sus gafas de montura dorada, y bajaba la mirada en dirección al texto, era frecuente que un mechón de sus largos y lacios cabellos le cayese sobre la cara. Él, con gran parsimonia, extendía la mano y colocaba los cabellos rebeldes en su sitio. Las manos de don Antonio eran grandes. Los dedos largos, finos y blanquísimos, estaban coronados en su primera falange, por moñitos de pelo. Los pelos más tupidos que yo haya visto sobre unos dedos. Sin embargo, su rostro, enjuto y de tez también muy blanca, lo recuerdo siempre impoluto sin la más mínima señal de barba.