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jueves, 24 de febrero de 2011

La urna

Por Amelia de los Ríos.

Me llaman por teléfono desde la Residencia.
-¿Familiar de Rocio?
–Si, soy yo.
-No se preocupe -me dice-, no le pasa nada, pero haciendo limpieza en su dormitorio hemos encontrado una urna con cenizas dentro. ¿Sabe algo?
-Pues como no sea su hijo Antonio –comento-, de quien tenía los restos en su casa, donde se quedaron cuando ella se fue, pendiente de un destino definitivo. Los nuevos dueños, en vez de llamarme para consultar, los han llevado junto a su madre.
-Debe retirarlos, aquí no pueden estar -concluye.
¡Qué triste es morir y que no sepan qué hacer contigo! Después de dos matrimonios, cinco hijos, tíos, primos, una madre y supongo que algún amigo; que nadie te recuerde siquiera, es duro. ¡Qué desperdicio de vida! No has sabido dejar la herencia más importante: permanecer en la memoria de tus allegados y que te echen de menos, y una de las formas de conseguirlo es cultivando vivencias y querer a los demás y a ti mismo.
Dicen que se muere dos veces, una cuando se acaba la vida y otra cuando se olvidan de ti. Y hoy, Antonio, no quiero que te vuelvas a morir. ¡Va por ti!

jueves, 17 de febrero de 2011

Mis manos

Por Amor de Pablo.

Mis manos son mi herramienta preferida. Todas las cosas importantes que he hecho en mi vida tuvieron forma gracias a ellas. Cuando era pequeña jugaba con el barro a construir diques o hacía castillos de arena en la playa. Yo imaginaba entonces ser una gran ingeniera que edificaba pequeñas ciudades para las hormigas o las almejas, dependiendo del entorno en que realizaba mis proyectos. Como niña atípica que fui, antesala de la adulta atípica que soy, pedía para los Reyes mecanos y juegos de construcción. Me fascinaba que de aquellas pequeñas piezas salieran esos ingenios. Y no me dolían los pellizcos o arañazos que pudieran provocarme el manejo de esos juguetes, más bien al contrario, cada herida era un pequeño sacrificio para obtener un ansiado logro. Desde siempre me atrajeron los trabajos manuales; todas las actividades que podían realizarse con las manos; así fui aprendiendo a modelar, a fabricar marcos, a pintar cajas de madera, a tejer. Desde siempre me ha gustado pasar las manos por las distintas superficies que encontraba. Notar la aspereza de la madera sin lijar y la suavidad de ésta una vez pulida. Comprobar como la arcilla pasaba de ser resbaladiza cuando estaba húmeda a rugosa una vez seca. Frotar los dedos por encima de las superficies barnizadas hasta hacer que emitieran un pequeño quejido. Todas estas sensaciones eran una fiesta para mi sentido del tacto.
Empecé a escribir y me ocurría lo mismo. Independientemente de que el resultado del texto estuviera más o menos inspirado, no podía dejar de sorprenderme que las palabras se plasmaran en el papel, a fin de cuentas, porque el bolígrafo obedecía las órdenes que mis manos le daban.
Cómo no hablar de las caricias. No existe satisfacción mayor que percibir en la yema de los dedos el tacto suave de una piel amada. Y cuando lentamente acaricio el lomo sedoso de mis gatos o el áspero pelo de los perros conocidos y desconocidos siento una emoción imposible de describir.
¿Y todo esto a qué viene? Podría preguntarse cualquiera. Hoy me han diagnosticado que tengo artritis reumatoide e insuficiencia venosa en las manos. Al mínimo cambio de temperatura los dedos se me quedan helados e insensibles gracias a mi deficiente riego sanguíneo. Y por si fuera poco las articulaciones se agarrotan y duelen por culpa de la artritis. Pero yo no puedo dejar de pensar que aún me quedan muchas cosas importantes que hacer en mi vida y en las que mis manos tienen imperiosamente que jugar un papel fundamental.

jueves, 10 de febrero de 2011

El pacto

Por Amelia de los Ríos.

Sentado en el banquillo del Juzgado firmó el recibo, liquidando por fin el pacto que le había llevado hasta allí; después de años luchando por romper el lazo que lo tuvo atado a aquel despacho, quedando su juventud e ilusiones por el camino.
En el primer encuentro se quedó tan sorprendido cuando llegó al hotel y lo recibió toda la plana mayor del bufete, incluidos los directivos del grupo, agasajado con una estudiada y deslumbrante puesta en escena, a él, recién salido de la facultad, aún becario, ofreciéndole directamente asociarse como uno más, que no fue capaz siquiera de decir que se lo pensaría.
Hoy brindaría con gaseosa, pues ya siempre sería alcohólico, no tenía trabajo, casa, ni familia pero era la primera vez que se sentía feliz y libre. Sonó la alarma del móvil, la próxima cita: le esperaban en el albergue, defendería a los sin techo.

jueves, 3 de febrero de 2011

AUTOLESIÓN

Por Amor de Pablo.
Hoy he vuelto a soñar contigo. Me desperté con tu sabor en mis labios. A los cinco minutos de levantarme comprendí que mi boca no paladeaba nada, tan sólo mantenía la memoria de muchos meses atrás. Otro espejismo más, pero cuando el sueño me invade todo parece tan real. Yo quiero que sea real. Conservo en mi subsconciente imágenes, palabras y olores; antes de que el cansancio me obligue a dormir invoco estos recuerdos, acuden rápidos y me llevan de la mano una vez más hacia ti. Entonces me dejo llevar. Vuelvo a recorrer el mismo camino hacia tu casa, la llave debajo del felpudo, veo las pistas por el suelo, la dichosa puerta del dormitorio atrancada y tú, desnudo, saliendo de la cama para abrírmela. Y luego ya no veo nada, solo siento. Calor, besos, abrazos, piel. Y el sueño se convierte en desilusión cuando leo tu mensaje de nuevo: “déjame en paz, sólo ha sido una aventura”. Y ahora estoy sentada en el borde mi cama, paladeando el sabor amargo de mi lengua, prometiéndome a mi misma que no volveré a caer en esta trampa que me tiendo cada noche.

sábado, 29 de enero de 2011

Un taxista en apuros

Por Rosa Gatón.
El día prometía alegre, Elisa llamó a su amiga para ir a la feria de Torremolinos.
Recibía un regalo de empresa en una caseta y como sola no le apetecía ir llamó a su amiga y dijo:¿Me acompañas? Ni corta ni perezosa contestó Inés: ¡claro! Una excusa perfecta para ir de feria.
Cogieron un taxi. Todo normal hasta que una vez iniciada la carrera y en medio del tráfico Eugenio el taxista la miró por el espejo retrovisor y dijo: no sé ir a Torremolinos, las voy a bajar aquí mismo.
Atónita Inés lo miró y dijo:¡Pero hombre! ¿Cómo quiere usted bajarnos en medio del tráfico?
Miró a Elisa mostrando incredulidad, pero esta sin pestañear miraba por la ventanilla controlando la risa que estaba a punto de soltar.
Continuó Eugenio la ruta esperando que en algún momento dijeran: Aquí mismo nos bajamos, pero eso no ocurrió.
Fue contando que era la primera vez que cogía el taxi, que ni siquiera era suyo...Acordándose Inés de la ruta que hacía el autobús dijo: a la entrada de Torremolinos está la estación de autobuses y sé llegar hasta ahí; le preguntaremos a alguien que nos indique. Así fue, llegaron a la parada de taxi y preguntó a un compañero desde la ventanilla del coche: ¿Cómo llegamos al recinto ferial? Después de oír todas las explicaciones le dijo a Inés:¿Se ha enterado usted ya? A lo que respondió: el que se tiene que enterar es usted que es el que nos tiene que llevar.
Eugenio le dijo al compañero “tira palante” que yo te sigo.
No podía creer lo que le estaba pasando: ella dirigiendo al taxista, Elisa pegada a la ventanilla sin rechistar, y el buen hombre que una vez, llegó al destino, preguntó: ¿y ahora cómo regreso?Ya con la paciencia agotada le dijo: busque a otro compañero que lo saque de aquí.
Así fue como se marchó Eugenio, y dio comienzo la feria.

domingo, 23 de enero de 2011

Se me olvidó otra vez

Por Amelia de los Ríos.

Se me olvidó otra vez apagar el despertador. Abro los ojos, ¡qué lejos está! – pienso, y me doy la vuelta en la cama-. No deja de sonar cada vez más fuerte: va a levantar a toda la casa y me quitarán mi espacio de tranquilidad, así que salgo de la cama y callo el maldito reloj.
Se me olvidó otra vez desde cuándo no me observo con detenimiento. Después de lavarme la cara me miro en el espejo y, ¡doloroso horror! No me reconozco; siempre con tanta prisa, y para cuando un día paras y caes en la cuenta, te preguntas: ¿pero quién es esa que está en mi cuerpo? ¡Si parece mi madre! ¡Con lo que la critiqué por llevar esos pelos!
Se me ha olvidado hablarle a mi niña interior, ¿desde cuándo estás ahí callada, sin tiempo para hablar ni nadie que te escuche? Continúa sintiéndose sola, abandonada, e incomprendida, como simple moneda de cambio entre bandos, aunque ahí sigue, sin perder la esperanza de recibir un poquito de atención.
Se me ha olvidado otra vez lo que era sentir la ilusión por descubrir el mundo y la libertad de sentirme creativa; firmé un contrato, cambiándolas por una estable seguridad, ahora patrona de mi rutina... y de toda mi vida.
Se me ha olvidado otra vez sopesar los pro y contras, sentir lo que es real y lo que no. Cuando llevas mucho tiempo casada te llegas a acostumbrar tanto a la otra persona, que realmente no la ves: das por sentado que está ahí.
Y se me ha olvidado otra vez quererme y sentirme querida.

jueves, 20 de enero de 2011

Lolilla

Por Amor de Pablo.

En Tapia nació una niña la más chica de cuatro hermanos
Por nombre le pusieron Dolores, Lola o Lolilla
Dependiendo del ambiente por todos ellos atiende

Resultó la niña ser empollona y muy listilla
Rumió su padre: Ésta no trabajará con sus manos
La envío pues a Archidona que seguro que algo aprende

Después se vino a Málaga para estudiar Magisterio
Más no acabó la carrera
Ya que Lolilla intuyó que enseñar era un misterio

Cómo le gusta la literatura empezó con Cervantes
Pero no de teatrera sino a trabajar de camarera
Allí gruñía detrás de la barra cuando había mucha gente
Pero de vez en cuando le echaba piropos a los clientes

Cuando se acabó La Ópera resolvió poner un bar
Muy cerquita del teatro para no tener que andar
Pensó: ¿cómo le pongo?
Si trabajé con Cervantes no le puedo traicionar
Iba dándole patadas a una piedra y exclamó:
¡Ya lo tengo! Se llamará Saavedra

En el bar de sus dominios trató a muchos personajes
Con muy distintos oficios y de diverso pelaje
Dicen las malas lenguas que éramos gente de mal vivir
Y que por las noches no les dejábamos dormir

Así pasaron los días y los meses y los años
Y de repente a la Lola le sonó el reloj biológico
¡Madre mía! Se dijo, que tengo 37 años
Si no tengo pronto un hijo, tendré que montar un zoológico
Puso manos a la obra y parió un niño moreno
Según ella misma dice, le salió bastante bueno

Y llegados a este punto aquí estamos reunidos
Su hermana Julia, que desde Tapia ha venido
También está Margarita, chiquitilla de tamaño
Pero “mu” grande por dentro, no nos llevemos a engaño

Ana y Paqui, dos amigas que gracias a sus niños
Te tienen mucho cariño
Y aquí está la tata Antonia, una mujer de bandera
Lo mismo te da un consejo que te limpia la nevera

Convocados, así mismo, fueron Belinda y Manolo
Entre todas las mujeres tenemos un hombre solo
Y por último, aunque no menos importantes
Pepa y Amor, recitadoras y autoras de estos ripios
¡Aquí nos tienes, expectantes!
Por recibir tu indulgencia aunque sólo sea por principios